
Miércoles noche, salgo del ascensor y escucho gritos, como una loca salgo corriendo hacia la puerta. Cuando llego al salón veo a mi ángel de la muerte chillando a mi madre, me vuelvo loca le empujo, le grito yo a el.
Segundos después mis voz se silencia no puedo articular palabra, solo intentar luchar, por quitar esas manos que me silenciaban. Intento chillar pero no puedo algo me lo impide, solo puedo llorar y rezar para que eso que me impide gritar me suelte de una vez. No puedo, solo caen lágrimas por mis mejillas, es imposible respirar me ahogo, no me salen las palabras, solo encuentro fuerzas para llorar.
Intento pedir ayuda pero nada no puedo, algo me lo impide. Escucho a mi madre gritar, llorar pide por favor que pare que me va a matar, pero nada sigo sin poder gritar, lucho y lucho por apartar eso de mi que no me deja hablar, pero es mas fuerte que yo y no puedo quitármelo de encima.
Sigo escuchando a mi madre gritar, que pare que me esta matando, pero el sigue en su empeño de callar mi voz, no puedo respirar, me asfixio.
Empiezo a acordarme de esas personas que quiero, lloro porque a muchas de esas personas no las e dicho todo lo que pienso de ellas, sigo llorando, sigo recordando, llorando y rezando para que todo acabe de una vez, me acuerdo de todo el mundo, quisiera poder decir tantas cosas, porque, porque ahora cuando estaba empezando a ser feliz.
Mi perro fiel guardián, le muerde, pero se libra de el y no me suelta, son los peores minutos de mi vida, veo como pasa toda mi vida ante mi, me ahogo no puedo respirar, quiero decir tantas cosas y no puedo, solo tengo fuerzas para respirar.
De pronto alguien viene escucho una voz “maldito cabrón suelta” y acto seguido, caigo al suelo y empiezo a toser poco a poco voy recuperando mi ritmo de respiración normal, oigo voces gritos, escucho golpes de puertas, gente hablando a mi alrededor, poco a poco voy cobrando consciencia de lo que a pasado.
Lloro recordando lo que podría a ver pasado y doy gracias a dios de poder contarlo, el ángel de la muerte no esta, oigo a mi padre gritar “no vuelvas maldito” y lloro pensando en la gente que quiero, en la gente que me queda por conocer, necesito un abrazo de esas personas, pero solo encuentro soledad a mi alrededor.